
Cambio climático: eso que se nombra y de lo que nunca se habla
Redacción“Cambio climático” es una expresión que se oye con cierta frecuencia desde hace algún tiempo. Se oye en conversaciones de nuestro entorno, en las redes sociales, en los medios de comunicación convencionales, etc.


El cambio climático es la consecuencia de la acumulación de calor en nuestro planeta, principalmente en la atmósfera y en los océanos.
Esa acumulación de calor se ha producido por la emisión de ciertos gases que hemos introducido en la atmósfera que tienen la propiedad de retener el calor del sol. Gases que ya estaban presentes en ciertas cantidades y que, en esas proporciones previas, resultaban muy positivos para la vida del planeta, ya que mantenían a este en un rango de temperatura ideal para que la vida prospere en todas sus formas. Pero la cantidad existente ahora ha provocado un calentamiento que altera el equilibrio planetario de distintas maneras, de forma tal que amenaza y pone en peligro toda la vida, tanto en los océanos, lagos y ríos como en tierra firme.
Los gases con esas propiedades se llaman gases de efecto invernadero y se originan a partir de una gran parte de las actividades presentes en nuestra vida. Nos acompañan, inevitablemente, en casi cualquier cosa que hagamos, en cualquier objeto de consumo que adquiramos. Y se originan, principalmente, a partir de la quema de petróleo, carbón y gas.
Conocemos esos efectos negativos para los ecosistemas y la vida en general, no solo porque se pueden observar directamente en nuestro entorno sino también por las informaciones que nos llegan a través de cualquier medio de comunicación. Y, como se puede ver, afectan a todos los órdenes de nuestra vida: transporte, infraestructuras, destrucción del medio, agricultura, salud, ocio, alimentación, disponibilidad de agua, etc.
En los últimos 15 meses, desde finales de octubre de 2025, hemos tenido en España tres fenómenos de este tipo que aún hoy reclaman gran atención y cuyas consecuencias negativas están lejos de ser resueltas. Hablamos de la DANA de Valencia, de los incendios forestales del verano de 2025 en varias comunidades autónomas y de las lluvias provocadas por el rosario de borrascas atlánticas en enero y febrero de 2026.
Decenas de muertos, miles de millones en pérdidas y daños imposibles de cuantificar en muchos ámbitos: el paisaje, la calidad de vida, daños sicológicos en muchos de los ciudadanos afectados, la necesidad de volver a pensar cosas que ya no volverán a ser como han sido durante generaciones, etc.
Televisiones y radios dedican horas y horas a la información sobre las consecuencias nefastas de los fenómenos provocados o aumentados en número e intensidad por el cambio climático. Informan de las consecuencias más directas: víctimas mortales y heridos, daños en la agricultura y en las infraestructuras, monto de las pérdidas provocadas, adjudicación de fondos para las zonas afectadas, declaración de zonas catastróficas. Informan también de las consecuencias políticas que conllevan estos fenómenos: tensiones entre los responsables públicos, acusaciones mutuas y dimes y diretes a los que los medios dedican gran parte de su programación.
Los tertulianos de esos medios se afanan en comentar todo esto condicionados por lo limitado de sus conocimientos y por el planteamiento que la dirección de los programas en los que participan pone sobre la mesa como punto de partida, más allá del cual no es posible ir.
Sin embargo, no se habla del origen, de la causa de todas estas calamidades.
¿Alguien puede decir que ha visto una parte significativamente amplia de algún programa en medios convencionales, públicos o privados, dedicado íntegramente a hablar del cambio climático, no digamos ya un monográfico dedicado al tema?
Es imposible tener constancia de todo lo que se emite en todos los medios, pero día tras día vemos en numerosos canales televisivos y emisoras de radio cómo la causa de todas estas catástrofes queda relegada una y otra vez del debate público: nadie habla del cambio climático por más que se le nombre. El origen de todos estos males queda proscrito aun reconociéndose que es el origen. Hablar del cambio climático se ha convertido en un tabú.
Cuesta trabajo creer que ningún director de programas o director de medios de comunicación se haya planteado hablar abiertamente del cambio climático, que no haya caído en la cuenta de que quizás estaría bien hablar, sin condicionantes, de la causa principal de las catástrofes que se están dando por todo el planeta. Cuesta trabajo creer que ninguno haya caído en la cuenta de que estaría bien hablar de ello ampliamente de la mano de expertos, no de tertulianos de limitados conocimientos sobre el tema.
Que estaría bien que científicos pudieran hablar amplia y repetidamente de cuál es el problema, de cuáles serían las soluciones, de qué habría que hacer concretamente para solucionar esta situación más allá de los falsos o incompletos remedios que normalmente se dan a través de los medios. Hablar sin la sensación permanente de que si se expone información que sobrepasa cierta línea roja, el científico en cuestión no volverá a tener la oportunidad de hablar. Esta es una cuestión permanentemente presente en los debates de círculos científicos y en el activismo en general: qué mensaje dar para no ser vetados en los medios de comunicación de masas.
Llegamos, pues, al punto crucial: ¿por qué razón no se hacen monográficos rigurosos en los que se exponga la situación y magnitud real del problema, sus causas y sus soluciones, todo ello expuesto por auténticos expertos a los que rara vez se les da voz y nunca con el tiempo y la libertad necesarios?
¿No será que, al afectar a todas las parcelas de nuestra sociedad, es un problema cuya solución exigiría cambios enormemente profundos en todos los ámbitos y nadie quiere asumir esa inquietante pero, por más que se quiera aplazar, ineludible realidad?
¿Están los medios de comunicación dispuestos a sacrificar la viabilidad de la vida en el planeta a costa de mantener una sociedad sin futuro que camina hacia el abismo con paso firme? ¿O están dispuestos, por fin, a hablar del cambio climático?
Kevin Anderson, profesor de energía y cambio climático en la Universidad de Manchester en el Reino Unido, declaró, según se recoge en insideclimatenews, que: "No nos dirigimos sin darnos cuenta al Apocalipsis, sino que avanzamos hacia él con plena conciencia de lo que está en juego. Aún más grave, ya podemos ver los efectos devastadores de nuestras acciones, que destrozan los medios de vida, e incluso las vidas, de comunidades vulnerables, a menudo pobres y con bajas emisiones, alejadas de las zonas con altas emisiones donde vivimos”.
¿Algún medio está dispuesto a darle un micrófono sin restricciones a Kevin Anderson?






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